Por Romina Tarando
Si algo inquieta en el arte es la agobiante distinción entre forma y contenido. ¿Dónde reside la esencia misma de la obra? ¿Que criterios deben seguirse para una comprensión o aprehensión objetiva y acertada? Nosotros, facilistas, tendemos a querer imponer una regla que se aplique a todo, una especie de ley irrefutable. Las cosas son blancas o negras, no hay tonos intermedios, generalizamos para no complicarnos la existencia.

Lukács dijo, y creo yo con mucha razón, que toda obra de arte crea un “mundo propio”. Lo que se aprecia con los sentidos, lo que transmite varia abismalmente entre una creación estética y otra. Y si cada obra es un mundo propio en donde la imaginación y habilidad de los artistas son ilimitadas, se debe analizarlas, disfrutarlas o bien simplemente percibirlas de un modo único y sin leyes impuestas fácilmente cuestionables.
A los que refutan la idea de que el contenido No es un hecho por si solo, pueden comprendérselos ya que la obra no existe, no se realiza hasta que no adquiere forma y se hace sensible. Recordemos una afirmación de Croce: “el acto estético es forma y nada mas que forma”. Por esta afirmación se entiende no que el contenido no es relevante sino que no existiría si no se elevara a la actividad expresiva, o en términos del propio autor: hasta que las impresiones no se manifiesten a través de expresiones.
Entonces con pinzas debe tomarse dicha afirmación en apariencia determinante.
Algo muy similar y por razones similares pronunció Bense: “aun la belleza de una idea (belleza de la que ocasionalmente se habla) se atiene en su claridad por entero a la materia.”

fuente:www.ismahell.castpost.com
Freud decía que los artistas utilizaban el arte como medio para canalizar sentimientos, pasiones, sensaciones, priorizando lo que intenta transmitir, es decir dándole importancia exclusiva al contenido. Esto es claramente acertado en el expresionismo por ejemplo, donde abundan las sensaciones de desesperación, frustración y malestar de los artistas, fruto de la época en la que vivían. Pero, ¿sucede lo mismo en el arte impresionista? Nadie puede negar que puedan saltar a la luz manifestaciones psíquicas y anímicas del autor, pero sin duda alguna, y en el caso del arte plástico, la máxima aspiración resulta ser pintar el cuadro de manera tan perfecta, teniendo el pincel, así pareciera, las dotes de una cámara fotográfica.

Nicolai Hartmann indicaba que hay varios estratos en las obras de arte, es decir: un primer término (comúnmente asociado con la forma) y varias capas posteriores que constituyen el fondo y que para aprehenderlos de forma indicada es necesario el factor espiritual. ¿Realmente podemos encontrar en alguna pintura que plasme la famosa “naturaleza muerta” varias capas? ¿Residen allí contenidos psíquicos o emocionales? ¿Es dicho factor condición indispensable para la aprehensión de este tipo de cuadros?

Siguiendo una línea de pensamiento algo opuesta, Croce habla de la indivisibilidad de las obras de arte: “parece oponerse a esta afirmación (la obra es indivisible) el hecho de dividir una obra artísticamente en partes: un poema en escenas, un cuadro en figuras particulares y objetos, fondo, primer plano, etc. […] pero la división anula la obra, como el dividir un organismo en corazón, cerebro, nervios…”
Esto me recuerda a la novela “El túnel” de Ernesto Sábato, donde el personaje principal es un artista que pinta un cuadro, y dentro de él (en su margen izquierdo superior) hay una ventana en cuyo interior se aprecia una porción de vida con un significado totalmente distinto al del resto del cuadro. Lo particular, lo especial, lo que intentó transmitir se ocultaba dentro de esa pequeña parcela de la obra, despojando la creencia de la imposibilidad de separar por partes para apreciar la pintura como un todo.
Asi como se ha visto, se puede fácilmente apoyar una hipótesis si esta bien argumentada, pero de la misma forma con varios ejemplos puede uno contradecirlas.
Y como dije antes, tendemos a generalizar y cada obra es un mundo, si se quieren establecer reglas sin excepciones, fórmulas sin margen de error, dedíquense a las matemáticas, pues esto es arte y justamente su magia reside en el hecho de que todo es posible, nada es correcto o incorrecto.