Primero critico, después criticame
Por Romina Tarando
Al opinar sobre algo ejercemos un juicio y al hacerlo lógicamente, criticamos. De más esta decir que vulgarmente el concepto se asocia con recalcar valores negativos acerca de algo, pero no debe reducirse a eso sino que debe involucrar todos los aspectos buenos y malos, a favor o en contra del objeto que se analiza en cuestión.
Cuando hablamos de arte entramos en la subjetividad (por más leyes objetivas y racionales que se hayan deliberado), corremos el riesgo de caer en la ignorancia y juzgar a partir de ella. Mas difícil se vuelve entonces el acto de criticar, ¿cuales son los criterios que deben seguirse? ¿En que se basa el “experto” para afirmar que una obra es excelente o la mas deplorable de todas?
Se dice que la experiencia estética es una experiencia simbólica. ¿Debe el crítico entonces solo limitarse a llevarnos por el camino que nos lleva a la comprensión del mismo para poder disfrutar una obra? Es decir, ¿traduciendo los símbolos para luego poder disfrutarlos?
Si dejamos que nos guíen es porque confiamos en ellos, pero Deway habla de los errores de la critica y lo que llama confusión de categorías: cuando se induce a error porque la critica esta basada en un único camino: el del crítico historiador, el psicólogo, y sin ir mas lejos, hay críticos que confunden los valores estéticos con los filosóficos, especialmente establecidos por los filósofos moralistas.
¡Y claro! ¿Como no habría de suceder semejante cosa si ni siquiera los artistas se ponen de acuerdo a la hora de concebir al arte con un solo fin (el estético)? Para algunos debe servir a fines útiles ya sea en un sentido moral o en cualquier otro, señala Ramos.
Entonces, ¿Qué debería hacerse? No quisiera imaginar que al lado de cada obra haya una explicación por parte del artista, para luego la obra sea analizada conforme a sus intenciones. De esta manera por si sola no produciría nada, a no ser que se le ancle de forma redundante dicha explicación. Aproximándose a esta cuestión, Arnold Gehlen expresa la necesidad del comentario explicativo de las obras al hablar de arte moderno. Expresa con seguridad que de otra manera el arte abstracto no podría ser comprendido. Esta retórica invalida completamente la capacidad, a mi entender, comunicativa y expresiva de las obras. Sería “hacer trampa”. Y si algo tiene de característico el arte abstracto es la dificultad de comprenderlo: entonces mas ricas, diversas e interesantes serán las interpretaciones de las mismas. ¡Bienvenido sea el arte de nuestra época, tan complejo como la sociedad que lo abraza!
Resulta muy fácil, (y aun mas cuando no tienen demasiada credibilidad y prestigio) refutar las opiniones del critico. Miles de objeciones podemos encontrar, y me arriesgo a decir casi tantas como las interpretaciones, sensaciones y sentimientos que puede producirnos una obra.
Si la crítica no es la esperada por el autor, este puede acusarlo de limitado y su obra una imponente creación que resulta incomprendida.
Se ha afirmado que el arte es una mutación. Muchas obras no fueron comprendidas hasta después de instaurarse la nueva corriente artística. Entonces, algún critico que se auto designa como visionario o intuitivo, (o quizás sea temeroso e inseguro) le de validez a todo lo que ve, por no querer dejar escapar aquel futuro genio innovador, por dejarse llevar demasiado por la individualidad sin tener una especie de regla general asimilada por si acaso (es cierto que cada obra es un mundo, pero no hay que olvidar completamente que hay planetas que lo rodean).
De esta forma, entraríamos en el caos, el arte perdería prestigio, todo sería aprobado, excelente, y bello.
Se que algunos todavía siguen el pensamiento subjetivista:
“Lo bello esta en los ojos que miran”, “sobre gustos no hay nada escrito”. Así y solo así hay un hombre ideal y distinto para cada mujer, una película disfrutada y a la vez reprochada, un libro comprendido e incomprendido a la vez. De esta forma el universo se empareja y hay equilibrio, gracias a los desórdenes del gusto.
El día que escriba un poema, basta con que encontrar una sola persona que le guste, alguien imparcial al que le resulte atractivo ese logro, sea cual fuera la razón, entendiendo o no mi intención, ese poema cumplió la función.
Es mi pensamiento, mi crítica al respecto, y tal vez no sea comprendida, quizás no sea la correcta. ¿Quién sabe?
Lo único que pueden hacer estimados lectores es criticarme siempre y cuando tengan un fundamento: y de esta forma, la espiral continua girando.
